Es delicioso redescubrir lo
que para otros puede ser viejo o estar en desuso y que recién se abre ante ti como
un mundo totalmente nuevo. A veces es bueno no haber quemado ciertas cosas en
alguna etapa de tu vida, años después te reencuentras con esas cosas de alguna
manera y las tienes como reliquias, las valoras más porque te das cuenta de que
esas cosas ya no se hacen ni se producen como antes. Quizás no vuelva a
suceder, quizás no vuelvas a encontrar algo como eso en lo que ves hoy y esa es
razón suficiente para que lo disfrutes más, puede sucederte con la música, con el cine, las fotografías, libros, juguetes y objetos memorables. Mientras esperas algo de magia
nueva, esa magia vieja puede ser lo único que te mantenga latiendo cada día.
"Cuando la persona es vieja, es muy difícil llevar el peso del mundo que ha estado guardando dentro de su cuerpo." —Axl Rose.
Ciertamente, hay obligaciones y deberes que cumplir pero eso podemos sazonarlo con momentos que valgan la pena, con cosas que sean memorables, y cuando seamos viejitos y miremos atrás sonriamos nada más pensar en la vida que vivimos, que sean historias que merezcan ser contadas y que tengamos la menor cantidad posible de «si hubiera» acumulados en el expediente «Vida», que por miedo no dejemos de realizar cosas que nos pueden hacer sentir vivos, y menos por lo que otros puedan decir o pensar de nosotros.
Somos un suspiro en el tiempo, el soplo de un ser superior sobre la tierra. Cuando nuestras vidas pasan no nos damos cuenta, no sabemos si estamos marcando o no una diferencia y posiblemente nunca lo sabremos, porque estas cosas las verán otros cuando nosotros nos hayamos ido de aquí.
Nuestra juventud no la vemos sino hasta que se ha ido ¿y qué hemos hecho? Hay demasiado tiempo desperdiciándose en el mundo. La fuerza que tenemos puede marcar una diferencia hoy, pero ¿cómo?
Esta semana me he sumergido en los 90's, en una época tan hermosa y preciada para mí. Década en la que el Internet, la televisión por cable y los reality shows vieron su auge tal y como los conocemos hoy. Década en la que los géneros grunge y rock alternativo se popularizaron en todo el mundo. Los 90's, década hermosa y pervertida donde la música y la cultura pop y rock marcaban las pautas de toda la generación. Guns N' Roses, Metallica, Nirvana, Backstreet Boys, Aerosmith, Spice Girls, U2, No Doubt, Bon Jovi, Green Day, Radiohead, Britney Spears, Daft Punk, entre, bueno, muchísimos otros eran los más escuchados, lo más sonados en todas las esferas musicales.
Siento que lo que más me marcó de esta década estuvo dentro del ámbito musical y tecnológico.
Pero no vine a hacer un artículo sobre los 90's, lo que realmente me ha hecho reflexionar es la música que he escuchado en las últimas semanas —básicamente muchísimo de Queen (aunque se va más hacia los 70's y 80's) y Guns N' Roses—, reflexionar en lo rápido que ha pasado el tiempo. Puede ser que esté tecleando aquí una «joven» a la que se le escapa su juventud, una nostálgica que no logra comprender ni asimilar lo rápido que ha crecido. Que no logra todavía hacer la transición entre distintas cápsulas de tiempo. Puede ser gracioso, y he pasado el día cantando e intentando definir el momento en el que Axl Rose dejó de ser dolorosamente sexy, o de procesar el hecho de que sí, efectivamente Freddie Mercury ha pasado a otra vida.
A ver, creo que en parte la culpa de todo esto la tiene cierta película de la que he escrito antes y que he estado esperando por algún tiempo. Puede ser, sí, estoy segura. Pero vamos, lo que quiero decir —más o menos— es que efectivamente, los años están pasando como locos y que debemos hacer algo bonito, algo lindo por nosotros mismos antes de que dejemos de ser sexys y jóvenes como Axl, o peor aún, antes de que estemos irremediablemente muertos como Freddie.
¿Qué estamos haciendo con nuestras vidas? Quiero que reflexionemos en esto ahora, porque sí que tenemos todas la herramientas en nuestras manos, pero a veces lo único que hacemos es perder el tiempo sin que podamos darnos cuenta, tengamos cuidado mis queridos lectores, los amo, por eso quise compartir esto con ustedes.
Hagamos, emprendamos, seamos el origen de algo grande, de algo realmente bueno, de algo impresionante, admirable, de algo monstruoso de lo que seamos capaces de sentirnos orgullosos cuando tengamos 56, 72 o 90 años. No nos conformemos con ser simples asalariados amargados, es decir, haz lo que amas. Lo que te apasiona. Lo que te hace feliz, hazlo y punto. No dejes que nadie te diga un «no», un «no puedes» o «no tienes la capacidad». Vamos, que pueden irse a freír espárragos.
Así que ten esto presente, ve por aquello que te haga sentir pleno, si no lo estás siendo justo ahora. Es tiempo ¿no crees?
Nuestra juventud no la vemos sino hasta que se ha ido ¿y qué hemos hecho? Hay demasiado tiempo desperdiciándose en el mundo. La fuerza que tenemos puede marcar una diferencia hoy, pero ¿cómo?
Esta semana me he sumergido en los 90's, en una época tan hermosa y preciada para mí. Década en la que el Internet, la televisión por cable y los reality shows vieron su auge tal y como los conocemos hoy. Década en la que los géneros grunge y rock alternativo se popularizaron en todo el mundo. Los 90's, década hermosa y pervertida donde la música y la cultura pop y rock marcaban las pautas de toda la generación. Guns N' Roses, Metallica, Nirvana, Backstreet Boys, Aerosmith, Spice Girls, U2, No Doubt, Bon Jovi, Green Day, Radiohead, Britney Spears, Daft Punk, entre, bueno, muchísimos otros eran los más escuchados, lo más sonados en todas las esferas musicales.
Siento que lo que más me marcó de esta década estuvo dentro del ámbito musical y tecnológico.
Pero no vine a hacer un artículo sobre los 90's, lo que realmente me ha hecho reflexionar es la música que he escuchado en las últimas semanas —básicamente muchísimo de Queen (aunque se va más hacia los 70's y 80's) y Guns N' Roses—, reflexionar en lo rápido que ha pasado el tiempo. Puede ser que esté tecleando aquí una «joven» a la que se le escapa su juventud, una nostálgica que no logra comprender ni asimilar lo rápido que ha crecido. Que no logra todavía hacer la transición entre distintas cápsulas de tiempo. Puede ser gracioso, y he pasado el día cantando e intentando definir el momento en el que Axl Rose dejó de ser dolorosamente sexy, o de procesar el hecho de que sí, efectivamente Freddie Mercury ha pasado a otra vida.
A ver, creo que en parte la culpa de todo esto la tiene cierta película de la que he escrito antes y que he estado esperando por algún tiempo. Puede ser, sí, estoy segura. Pero vamos, lo que quiero decir —más o menos— es que efectivamente, los años están pasando como locos y que debemos hacer algo bonito, algo lindo por nosotros mismos antes de que dejemos de ser sexys y jóvenes como Axl, o peor aún, antes de que estemos irremediablemente muertos como Freddie.
¿Qué estamos haciendo con nuestras vidas? Quiero que reflexionemos en esto ahora, porque sí que tenemos todas la herramientas en nuestras manos, pero a veces lo único que hacemos es perder el tiempo sin que podamos darnos cuenta, tengamos cuidado mis queridos lectores, los amo, por eso quise compartir esto con ustedes.
Hagamos, emprendamos, seamos el origen de algo grande, de algo realmente bueno, de algo impresionante, admirable, de algo monstruoso de lo que seamos capaces de sentirnos orgullosos cuando tengamos 56, 72 o 90 años. No nos conformemos con ser simples asalariados amargados, es decir, haz lo que amas. Lo que te apasiona. Lo que te hace feliz, hazlo y punto. No dejes que nadie te diga un «no», un «no puedes» o «no tienes la capacidad». Vamos, que pueden irse a freír espárragos.
Así que ten esto presente, ve por aquello que te haga sentir pleno, si no lo estás siendo justo ahora. Es tiempo ¿no crees?
Mi taza de café está servida, el color de este luce fantástico sobre el mesón de la cocina.Añado canela para que tenga más emoción, adoro la sensación, es como una fiesta dentro de mi taza.
Aún está caliente, puedo ver el vapor brotando de esa armoniosa circunferencia. Soplo aire al borde de la cornisa, el vapor se arremolina.
Me deleito un segundo con el fantástico aroma, debo dejar que repose o perderé la sensibilidad de la lengua por algunas horas si me atrevo a probarlo ahora, pero amo que el aroma se siga esparciendo, es delicioso.
Camino al exterior de la casa, taza en mano, tomo asiento a la mesa debajo del gran castaño que sembró mi bisabuelo. Tengo la ligera sospecha de que aquí mis padres perdieron su pureza.
Un pequeño rayo de sol rebota sobre la porcelana blanca de mi taza, sonrío porque aprendí a valorar esos pequeños placeres.
Desvío la vista hacia las nubes y escucho la voz de Aida dentro de mi mente. Ella era fuerte, batalló como si luchar fuera la única labor que se le hubiera encomendado en la tierra. Era un ángel.
Sonrío otra vez porque sé que me reprocharía las lágrimas si estuviera aquí.
Levanto la taza de nuevo y noto algo diferente. Hay una pluma en mi café.
Tonalidades de amarillo, azules y violetas bañaban el
muelle. Sobre él estaba un hombre de pie observando. Había enfrentado tiempos
difíciles, se consideraba listo para dejar el mundo cuando recibió aquel diagnóstico.
Antes se preocupaba por las cosas que dejaría pendientes: las deudas, la casa,
el auto, pero ese día comprendió que no eran importantes.
Ya no quería estar entre un montón de hojas y números en una estúpida oficina. Quería por una vez en largo tiempo, vivir.
Se dio cuenta de que siempre estuvo viviendo la vida de alguien más, lo que quisieron sus abuelos y sus padres para él. Nunca objetó nada, y la razón es porque no sabía realmente lo que quería. Pensó que seguir la corriente por la cual su familia lo arrastraba era lo más normal, que era lo correcto, para lo que estaba destinado. Creía que ir en contra de aquello era antinatural.
Enviudar joven fue una bala en su pecho. Samantha se llevó con ella toda la alegría y la luz de su existencia. Nunca más se casó, nunca más estuvo con nadie. Decía que enamorarse era una pérdida de tiempo después de haber encontrado al amor de su vida y perderlo. Pero ahora podría encontrarse con ella en algún lugar, allá, al final del arcoiris.
No se consideró jamás una "mala persona", pero sí un cobarde. Nunca tuvo las agallas para atreverse a nada por sí mismo, no podía creer cómo había logrado tantas cosas.
Ese muelle era lo único que apreciaba ahora; ese mar, ese amanecer, esa brisa y ese cielo. Sí, realmente estaba listo para encontrarse con Sam.
Esa mañana observando el panorama que lo rodeaba sintió que podría atreverse a cualquier cosa, en él nació un nuevo hombre
cuando el viejo fue sentenciado. ¡Qué cruel ironía del destino el haberlo hecho valiente en el último tramo de su vida! ¡Si el pobre sólo hubiera tenido más tiempo! ¡Si esa verdad se le hubiese revelado antes!
Como niño, vives tu vida con una intensidad y una pasión que será imposible como adulto. Tratamos de aferrarnos a esa sensación cuando vamos creciendo, pero empieza a irse. Se nos escurre entre las manos. Hay demasiadas responsabilidades. Demasiada presión. Demasiada vida vivida dentro.
Para mí la vida es un viaje. Un viaje que involucra las relaciones. Son montañas rusas de emociones, subes, bajas; también chocas y te estrellas contra otros como los carritos locos.
En este viaje luchamos por seguir andando, por encontrarnos a nosotros mismos, por llenar los vacíos... y cada quien tiene su propio método.
Recorremos los espacios, observamos; algunos hablan más, otros menos, pero todos, absolutamente todos tenemos algo que decir. Al final nuestra vida no se resume en posesiones, en yates, carros, casa, libros, joyas, ni dinero. Al final sólo se tratará de quiénes estarán a nuestro lado, de todos aquellos que decidieron amarnos genuinamente y estar con nosotros a pesar de conocer nuestras debilidades y nuestros errores. Se tratará de esas personas que a pesar de ver el monstruo que podemos ser bajo ciertas luces, deciden acompañarnos a caminar, incluso cuando la luna está llena porque saben que pueden aplacar la fiera que puede brotar de nosotros, porque no le temen.
Tal como las gasas sirven para limpiar y cubrir heridas, las hojas de papel le sirven al escritor. Las heridas empiezan a sanar cuando describimos con detalle lo que sentimos; el alma empieza a sanar.
Escribir con detalle qué nos causó la herida, cómo lo hizo, por qué no pudimos evitarlo; con cada palabra la hoja de papel —o un monitor en su defecto— se convierten en un bálsamo para nuestras emociones. Lo he podido experimentar unas cientos de veces: cómo al escribir mi enojo, mi tristeza, mi dolor, entre tantos otros, se van apaciguando poco a poco, hasta quedar en cero.
Con el paso del tiempo al leerlo de nuevo puedo entender la intensidad de mis emociones y reflexionar en ello, me doy cuenta de que ya no me siento igual, descubro que haberlo escrito un día ha servido para dejarlo atrás.
Mi consejo es: escribe. Todos podemos escribir.
En vez de descargarnos diciendo cosas que pueden herir a otros y de las cuales podemos en un futuro arrepentirnos, apártate y escribe lo que venga a tu mente...
sólo escribe, escribe, escribe.
Escribir con detalle qué nos causó la herida, cómo lo hizo, por qué no pudimos evitarlo; con cada palabra la hoja de papel —o un monitor en su defecto— se convierten en un bálsamo para nuestras emociones. Lo he podido experimentar unas cientos de veces: cómo al escribir mi enojo, mi tristeza, mi dolor, entre tantos otros, se van apaciguando poco a poco, hasta quedar en cero.
Con el paso del tiempo al leerlo de nuevo puedo entender la intensidad de mis emociones y reflexionar en ello, me doy cuenta de que ya no me siento igual, descubro que haberlo escrito un día ha servido para dejarlo atrás.
Mi consejo es: escribe. Todos podemos escribir.
En vez de descargarnos diciendo cosas que pueden herir a otros y de las cuales podemos en un futuro arrepentirnos, apártate y escribe lo que venga a tu mente...
sólo escribe, escribe, escribe.
Si ahora crees que en tu vida sólo hay tormentas, no pierdas la paciencia, ten esperanza porque todo mejora.Cuando un avión atraviesa una tormenta es inevitable que experimente cambios de presión bruscos, turbulencias, pérdida de visibilidad, congelamiento en partes indispensables para el vuelo y la dirección, rayos e incluso granizo. Es posible que te sientas de la misma manera en este momento, como un avión atravesando una tormenta: no ves un punto de salida, te sientes neutralizado, presionado por lo que puede estar ocurriendo, incluso sientes que quizás no puedes tomar el control de tu vida. Todo lo que necesitas es un piloto que dirija tu vida a una pista segura. Ese piloto no es otra persona que Jesucristo. Él puede llevarte confiado hasta tu destino, seguro bajo su dirección, pero debes primero darle el control de tu vuelo. No dejes tu vida en manos de otras personas, o en manos de la mera casualidad, no esperes cada día para ver como "resuelves", empieza a creer en el Señor Jesús, empieza a poner tu vida en sus manos, paso a paso, cédele el control de todo, y él traerá paz y reposo a tu alma.
Para Él no hay nada imposible.
«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.» Mateo 11: 28,30.
Es un susurro en el viento, el eco de la voz en un valle, la nieve en último día de invierno.
La vida es la no certeza del mañana, la pregunta del olvido, el silencio de una imagen desconocida, y la vara del tiempo. Es esa sensación inexorable de saber que todo escapa de tus manos, que las cosas que hacemos y las cosas que vemos son nada, que lo que tenemos al final no nos pertenece, saber que hay algo más grande que nosotros mismos, y sobrepasa todo entendimiento. La vida es el conocimiento de que un día acabaremos, que el ocaso llegará y con él muchas cosas oscurecerán.
Nuestros días están contados, nuestros bienes ya tienen su destino y nuestras obras ya están culminadas. La vida es saber que después hay algo más, que la muerte no es el término de todo sino el principio de la eternidad.
Es saber que hay más que sólo 80 años, más que 100, más que el mejor apartamento de lujo, más que el auto que siempre quisiste, o la cuenta de banco más abultada del mundo; la vida es más que las cadenas de hoteles para ricos, las alfombras rojas, los vestidos y trajes lujosos, o que las limusinas más costosas e impresionantes, la vida es más que todo eso. No pierdas tu tiempo. No esperes envejecer para después lamentarte y preguntarte «¿y si hubiera?»
A veces lo que más deseamos es eso que puede hacernos más infelices y dañarnos más que nada. Debemos saber lo que queremos, pero aún más, tener claro lo que no queremos.
En la vida debemos probar la derrota para poder reconocer la alegría de la victoria.
En la vida debemos probar la derrota para poder reconocer la alegría de la victoria.
Si no tienes nada que hacer encuentra algo. Si crees que no es importante, pues hazlo importante. El punto de la vida es hacer las cosas pequeñas de grandes maneras.
«Es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace la vida interesante.»
— libro El Alquimista, por Paulo Coelho.
El gran arte de la vida es hacer de la vida una obra de arte. Aunque no escribas libros, eres el escritor de tu vida. Aunque no seas Miguel Ángel, puedes hacer de tu vida una gran escultura. Sólo tú tienes el lápiz, el pincel, el lienzo, las manos para hacer de tu vida una obra maestra admirable.
No te quejes, recuerda que naciste desnudo. Entonces ese pantalón, esos zapatos y esa camisa que llevas puestos ya son una ganancia y un logro a la vez. Cuida el presente y trabaja para preservarlo sano, porque en el vivirás el resto de tu vida.
No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino, porque escoger un camino significaba abandonar otros.
A veces me rompo la cabeza pensando «¿qué podría escribir en el blog?», sobretodo me pasa cuando noto que la última vez que he publicado algo va más allá de los 15 días, porque no me gusta pisar el «cementerio de los bloggers» ni siquiera para dejar flores. A veces la vida te lleva del pelo y te enseña que no tienes que buscar demasiado afanado las cosas que ya están, digamos, «predeterminadas» a suceder. Hay cosas por las que no importa si movemos cielo, mar y tierra, sencillamente llegarán cuando les venga en gana cuando dejemos de esforzarnos, en cambio hay otras que haciendo el mismo esfuerzo nunca sucederán. El amor es una de ellas. También la inspiración que a veces suele cotizarse a muy alto precio. Es por eso que escuchamos a muchos artistas decir «estoy falto/corto de inspiración», esto sobretodo afecta a los escritores.
Esta tarde recibí una llamada de un amigo quien me comentó sobre sus problemas y lo aquejado que estos lo tenían, «contra las cuerdas» como él mismo decía. Entonces me dijo algo que me hizo reflexionar con detenimiento «¿por qué, por más que te esfuerzas en hacer las cosas bien o lo mejor que puedes hacerlo, todo tiende a salir mal a veces?». Bien, partiendo de esa conversación telefónica estoy escribiendo una nueva entrada en el blog, sin planearlo, sencillamente esto me inspiró, ya que unas horas después a través de una canción recibí la respuesta a esta pregunta: «Nothing good in life is scripted», (nada bueno en la vida está escrito), no importa cuánto nos esforcemos. Cada uno de nosotros tiene como escritor de su propio destino, bolígrafo y papel en mano. Nosotros escogemos en qué mesa apoyarnos para empezar a escribir, escogemos si presionar el bolígrafo para derrochar tinta o si seguimos un trazo ligero que nos permita escribir constantemente. Nosotros dibujamos nuestro propio destino. Sin embargo, no tenemos el poder para hacer que algo sea «bueno o malo», sencillamente nuestro trabajo es tomar decisiones, escoger bien y las cosas, sean como sean se irán dando.
Yo escucho el sonido de las lágrimas a diario, me pagan por abrir la llave de agua en los ojos. Mi empleador es aquel que posee a los muertos y les vende una propiedad para sus huesos. Tengo que cargar con el agobio de que «algún día todos moriremos», más tarde que nunca, o más pronto que tarde todos vendremos a parar aquí. No le canto a la muerte, pero le dedico canciones a los caídos en la guerra contra ella. Mi deber es despedirlos con honores en medio de entonaciones lúgubres y el llanto de sus allegados.
A pesar de ver la muerte como algo natural que forma parte del recorrido terminal de la vida, siempre tengo el sentimiento de que no todo ha llegado a su fin cuando ha terminado, es ese momento en que se le dice «adiós» a la sangre y a la carne pero en realidad nunca nos vamos del todo. A veces creo que mi forma atropellada de andar por las calles podría llevarse mi vida, pero mientras tanto aquí sigo compartiendo historias con los sepultados.
Algunos dicen que el mejor momento para morir, el momento perfecto es después de haber llevado una buena vida, de haber procreado, de haber multiplicado la herencia, de haber edificado una casa y erguido un hogar, pero creo que la mente viaja más lento que el cuerpo cuando se trata de «ella», la esquelética y horripilante. Más lento que el reloj biológico que nos envejece la piel y el cabello, porque el cuerpo con el transcurrir de los años empieza a prepararse para «ir al hoyo», pero la mente —aunque digamos que estamos preparados— nunca termina de asimilar a la muerte. Aunque rebelarse ante el final no tendría ningún sentido, la mente todavía está en contra de «ella» y después de todo, se termina siendo «demasiado viejo para morir joven». «Joven» cuando la mente aún tiene ganas de aprender y de crear, cuando hay deseos de saltar, correr, de explorar y de bailar, pero «viejo» porque el cuerpo no responde. Aquí yacen los blancos, los negros, los rojos, los pálidos, los bronceados y tostados por el sol, así rían, canten, bailen; los duros, los blandos, los buenos, los malos... ahora sólo cadáveres. Cadáveres que se aunarán con el tiempo, pero nunca con el lacerante olvido.
A pesar de ver la muerte como algo natural que forma parte del recorrido terminal de la vida, siempre tengo el sentimiento de que no todo ha llegado a su fin cuando ha terminado, es ese momento en que se le dice «adiós» a la sangre y a la carne pero en realidad nunca nos vamos del todo. A veces creo que mi forma atropellada de andar por las calles podría llevarse mi vida, pero mientras tanto aquí sigo compartiendo historias con los sepultados.
Algunos dicen que el mejor momento para morir, el momento perfecto es después de haber llevado una buena vida, de haber procreado, de haber multiplicado la herencia, de haber edificado una casa y erguido un hogar, pero creo que la mente viaja más lento que el cuerpo cuando se trata de «ella», la esquelética y horripilante. Más lento que el reloj biológico que nos envejece la piel y el cabello, porque el cuerpo con el transcurrir de los años empieza a prepararse para «ir al hoyo», pero la mente —aunque digamos que estamos preparados— nunca termina de asimilar a la muerte. Aunque rebelarse ante el final no tendría ningún sentido, la mente todavía está en contra de «ella» y después de todo, se termina siendo «demasiado viejo para morir joven». «Joven» cuando la mente aún tiene ganas de aprender y de crear, cuando hay deseos de saltar, correr, de explorar y de bailar, pero «viejo» porque el cuerpo no responde. Aquí yacen los blancos, los negros, los rojos, los pálidos, los bronceados y tostados por el sol, así rían, canten, bailen; los duros, los blandos, los buenos, los malos... ahora sólo cadáveres. Cadáveres que se aunarán con el tiempo, pero nunca con el lacerante olvido.
Marchamos al sonar de una canción mágica, la favorita para decirle «hasta pronto» a alguien que al irse extrañarás. «Somewhere over the rainbow», a veces me reconforta, pero otras veces me persigue como un animal en mis pensamientos, en mis pesadillas e incluso en mis sueños. Al despertar es esa canción la que irrumpe en mi cabeza. Me susurra que la muerte está al acecho de todos y que hoy podría estar sonando en mi funeral, en vez de yo hacerla sonar en el funeral de alguien más.Podría ser que mañana no despierte, o que allá afuera algo me arrebate la vida. Cada vez que reflexiono en lo que hago percibo que la vida es un maravilloso regalo que damos por sentado, tanto que a veces sin darnos cuenta atentamos contra ella. La vida es algo tan frágil que podría caerse en el momento menos esperado y romperse en mil pedazos como un diamante.
El que abre la puerta a la espera del último vistazo al mundo está de pie. Él escudriña y estorba la paz de la tierra. Lo veo, pareciera estar a salvo al igual que todos nosotros, los que hoy presenciamos una muerte. Lo veo de nuevo, y recuerdo que el que cava las tumbas en algún momento también caerá dentro.
Los Ancianos.
¿Quién rememora a los caídos?
¿Quién recuerda alguna vez con afecto a un antiguo partícipe de la guerra?
¿Quién recuerda el sudor de su frente, sus pupilas dilatadas y su deseo por ver libre un país entero?
Ancianos, corazones nobles enternecidos por la mano del tiempo, arrugas lúcidas y recuerdos de arena. Vívidos monumentos de la historia, museos andantes encomendados para nunca jamás olvidar.
Ancianos. Esa abuela impetuosa que vio nacer a su ciudad, que fue pieza fundamental en su crianza, que la vio crecer y hacerse grande.
Ancianos. Esa abuela impetuosa que vio nacer a su ciudad, que fue pieza fundamental en su crianza, que la vio crecer y hacerse grande.
Adultos de la tercera edad, ancianos, viejecitos, abuelos, seniles o como quieran llamarles. Nuestro camino y nuestros pasos. Los que no conocen la tecnología pero conocen algo más importante, los que desconfían de la juventud porque han sido jóvenes, los que dieron lo mejor que podían darle al mundo, o los que se arrepienten de no haberlo hecho. Los que alcanzaron todos sus sueños, o los que ahora lloran por no lograrlo. Los que ahora sonríen felices y plenos por haber conseguido el verdadero amor y conservarlo, o los que lloran por haberlo perdido. Nunca menospreciemos a nuestros ancianos, porque llegará el día en que la tersura de nuestra piel se marche, el brillo de nuestro cabello y el color se opaquen, nuestras manos fuertes y jóvenes empezarán a tiritar, nuestro cuerpo lleno de energía exigirá descansar, nuestros pies se agotarán y nuestras piernas no podrán resistirnos más. Si me lo preguntas a mi, la etapa más hermosa de la vida es esa en la que has alcanzado todo por lo que luchaste, en la que sabes que ya nada puede ser mejor —ni peor—, ves a otros intentarlo y recorrer el mismo camino, puedes enseñarles a hacerlo también, donde te limitas a descansar por todo lo que has trabajado con el amor de tu vida a tu lado, pienso que no hay nada más hermoso que eso.
Ellos se conocieron una mañana de lluvia y niebla. Hacía frío, ella amaba eso, pero él quería abrigarse para «no congelarse».
Ella salió ilusionada, sólo buscaba divertirse en una pequeña excursión; él salió a trabajar. Él camina por naturaleza a paso lento, pero ella más bien porque acostumbra a pensar demasiado. Para ella la felicidad a veces parece un espejismo en medio de un desierto de soledad, pero en el fondo sabe que prefiere estar sola.
Lo hermoso de la vida es que nunca sabes cuándo cambiará, incluso mientras estés siguiendo estrictamente una línea de monotonía. Puede cambiar una mañana que no quieras salir de la cama pero tengas que hacerlo, todo puede cambiar el día que consideres el mejor o peor de tu vida. Llega el momento en que las miradas se encuentran y no pueden apartarse, por más que lo intentes, por más que trates de evitarlo no podrás con eso, que es más fuerte que tú mismo.
Todos los pensamientos, los sentimientos más dulces y gratos empiezan a girar en torno a una sola persona. Eres completamente incapaz de controlar tu cuerpo, las sonrisas se esbozan solas, las pupilas se adhieren a un punto sin darte cuenta. Sabes que en ese mágico momento en que sus manos se cruzan, el tiempo se detiene completamente, sabes que nada puede ser mejor, ni más perfecto que justo «ese momento» por más efímero que sea.
Es increíble lo que ocurre, la ciencia jamás podrá explicarlo, pero durante esos poquísimos segundos sin saber cómo, entiendes que es «esa persona». Sueñas más despierta que dormida.
El tiempo después parece ir más rápido que de costumbre, porque disfrutas su compañía como ninguna otra. Separarse es algo que ni siquiera se cruza por la cabeza.
Las despedidas son sencillas, pero se tornan tan dolorosas a veces, y una carga tan pesada, que nadie quiere soportar.





























