Gotas de lluvia como cristales preciosos, como burbujas de recuerdos que me llevan a la estación del pensamiento y me regresan a la vida, a esa vida que transcurre ante tus ojos. Esa vida de mejillas rojas y pálida piel, de sonrisa brillante. Una vida aventurera y soñadora que espera el último trimestre del año para «nacer». Gotas de lluvia por la «e» de Esperanza, si en un año o dos podemos navegar y buscar otra vez, si podemos sostener al viejo y al mar, si podemos buscar tesoros, alardear con las palabras y compartir secretos en medio de la noche con tu vaso de la suerte. Estoy esperando.
El viento batió sus cabellos en medio de un cálido día de verano. Valoraba el silencio, estar a solas consigo misma. La única compañera a la cual le regalaba largas horas era la naturaleza, sus paisajes, sus flores, sus amaneceres y atardeceres, sin ninguna duda.
Miraba sobre el horizonte a una gaviota que pescaba su merienda de las 5 pm. Intentó enumerar minuciosamente sus aleteos antes de que se sumergiera en el agua, pero resultó ser una tarea del ocio frustrada, cuando un niño de cabellos lacios, y ojos de azul profundo como el océano quebró su burbuja con un saludo.
Miraba sobre el horizonte a una gaviota que pescaba su merienda de las 5 pm. Intentó enumerar minuciosamente sus aleteos antes de que se sumergiera en el agua, pero resultó ser una tarea del ocio frustrada, cuando un niño de cabellos lacios, y ojos de azul profundo como el océano quebró su burbuja con un saludo.
—Hola —respondió ella, aún sin mirar al niño.
—¿Qué clase de ave es esa que ves?
—Es una gaviota, pequeño —dijo esta vez dirigiendo su mirada hacia a él, pero sin mostrar interés en su trivial conversación—. ¿Qué haces aquí solo?
—No estoy solo.
—No veo a nadie más aquí, a parte de nosotros dos.
—Yo vivo aquí.
—Mmm entiendo. Bueno, ya debo irme —dijo ella sin más interés en el pequeño niño misterioso—. Pero tú ya deberías irte a casa; está pronto a anochecer.
—No le temo a la noche. Pienso que la oscuridad no puede hacerte daño.
—¿Y por qué dices eso? —Ahora, por esa aura de misterio y de extraña madurez con la que había respondido el niño, ella se interesó ligeramente en él.
—Porque la oscuridad sólo es ausencia de luz. Si tú decides ser la luz en medio de esa oscuridad, ella no puede dañarte. Sólo camino por la orilla del mar, y me gusta batir el agua con mis pies —hubo una fuerte brisa que levantó la arena alrededor de ambos.
Detrás de ella las palmeras se estremecieron con muchísima fuerza. Giró rápidamente su cuerpo para observarlas: le habían causado una ligera impresión de que algo extraño sucedía. Uno, dos, tres segundos, luego volvió su mirada hacia el niño pero no estaba a su lado. El niño caminaba ya a lo lejos en la orilla del mar, mientras hacía blanca espuma con sus pies dentro del agua: parecía que flotaba en lugar de andar. Su cabello casi intacto, daba la ilusión de no ser movido por la fuerte brisa del mar; luego se perdió de su vista. Ella se quedó allí parada, sólo un momento más mirando hacia el horizonte. Aún podía vislumbrar a lo lejos un pequeño punto con algo en la boca. Era su gaviota que se iba hacia algún lugar. Miraba el hermoso atardecer, más claro que otros días y pensaba en el niño.
Entonces el viento volvió a batir sus cabellos.
...le trajo un susurro: «Hasta pronto».
Sí, me lo pregunto muy frecuentemente. Es decir, cuando en muchas series, películas, entrevistas etc, alguien habla de que ama la playa yo automáticamente pienso en el calor insoportable, mi piel tostada por causa del sol —que básicamente me desagrada bastante y produce dolor—, la arena irritable, los espacios atiborrados de personas, o en el mejor de los casos con espacio, pero sin sombra. Mi concepción actual sobre la playa no se debe a haber ido a las playas equivocadas, sino a haber ido a demasiadas. Estuve en playas muy hermosas pero las prefiero como postales. Y no me malentiendan, antes me encantaba ir a la playa, sólo que más claramente recuerdo la insolación que debía atravesar días después y luego tener que desconcharme como serpiente, y aunque ahora soy mucho más consciente del gran daño que producen los rayos ultravioletas en la piel, todavía no logro superar mi desagrado por mi piel tostada que luego me cuesta muchísimo aclarar.
En resumen, entre la playa y yo no existe ningún tipo de tregua. No hay remedio para que yo, en vez de estresarme en ella, pueda disfrutar como cualquier persona normal.
¿A alguna otra persona en el mundo le pasa esto? Déjenlo en los comentarios y háganme saber que no soy la única 😆
La siguiente parada de este maravilloso tour, se encuentra un poco más al norte del paraje anterior, en la región nororiental del país, más exactamente, en el estado Monagas.
Esta vez tiene la oportunidad de destacarse El Parque Nacional El Guácharo, conocido así por el más emblemático de sus recorridos, el cual transcurre dentro de una cueva que es el hogar de cientos de estas aves tan características.
El Parque Nacional El Guácharo está lleno de lugares para visitar. Comenzando por la Cueva del Guácharo, destino favorito por muchos turistas amantes de la fauna, la flora y las formaciones rocosas como estalagmitas y estalactitas. En esta cueva además de los típicos guácharos, conviven otras especies como cangrejos blancos, roedores, insectos, entre otras aproximadamente 370 especies de aves y diferentes tipos de mamíferos, ¡pero no se preocupen!, se encuentran lejos del camino por el cual se hace el recorrido.
A unos pocos metros de la cueva se encuentra el «Salto la Paila», un excelente lugar para practicar senderismo, largas y tranquilas
caminatas en compañía de la naturaleza y el relajante sonido del agua que corre
por el río adyacente, también puedes refrescarte con el agua fría debajo de la cascada al llegar al final del recorrido. La caminata dura apróximadamente 1 hora de ida y vuelta. Generalmente se realiza con un guía que dirige pequeños grupos de 7 a 10 personas.
A unos pocos metros de la cueva se encuentra el «Salto la Paila», un excelente lugar para practicar senderismo, largas y tranquilas
caminatas en compañía de la naturaleza y el relajante sonido del agua que corre
por el río adyacente, también puedes refrescarte con el agua fría debajo de la cascada al llegar al final del recorrido. La caminata dura apróximadamente 1 hora de ida y vuelta. Generalmente se realiza con un guía que dirige pequeños grupos de 7 a 10 personas.
Para los que aman la historia, «El Museo Humboldt» tiene toda la documentación, fotografías, periódicos, objetos y todo lo relacionado a las primeras expediciones de descubrimiento e historia de la cueva, sus antiguos pobladores, excursiones de exploración posteriores al descubrimiento por los colonos, etcétera. Además, en el área del museo se realizan actividades y dinámicas dirigidas hacia jóvenes y niños.
También están las «Puertas de Miraflores», paredes escarpadas de 250 metros de altura, que cuenta con una zona profesional para escalar, de diferentes dificultades para los amantes de la aventura y la adrenalina. Todo esto en un agradable clima de entre los 19°C y 22 °C. Además podemos degustar todo tipo de dulces típicos de la región y llevar hermosos regalos a familiares y amigos.
No me queda la menor duda de que cuando creemos que no puede existir un espacio natural más hermoso, la madre tierra nos sorprende con uno que se supera en todas dimensiones. Por ahora, esta entrada marca una pausa en la búsqueda de hitos durante esta travesía, pero no olviden leer las entradas anteriores sobre este viaje para conocer la naturaleza.
Aquí los links de otras paradas:
Mi siguiente parada se ubica en el sur del país, a miles de kilómetros de la colonia, en el estado Bolívar. Sin duda, el contacto total con la naturaleza es el mayor encanto de este lugar, con un excelente clima templado, con un promedio de 18°C/20°C.
Hermosas y fastuosas caídas de agua, acaudalados ríos, inmensas e imponentes rocas, tepuyes y formaciones con una antigüedad cercana a los 2000 millones de años. Gigantes de la naturaleza inigualables, únicos en su especie, capaces de dejar boquiabierto a cualquiera que los visite. Tierras en donde fácilmente puedes imaginar a dinosaurios andando por doquier.
Lugares en los cuales puedes estar de pie sobre una roca húmeda mientras el agua corre a tu alrededor —claro, si primero no te lanza al agua la fuerte corriente—, como estos «Rápidos de Kamoirán» en el idioma de aborígenes locales.
Otros como el «Kawi Merù», están conformados por piedras de jaspe y otras en tonalidades de diferentes rojos, cobrizos y naranja brillante, ricos en minerales, al igual que la «Quebrada de Jaspe».
Otro gran paraje turístico e histórico, lo es sin duda, el no poco popular Salto Ángel o «Kerepakupai Vená», desde el Auyantepuy, que desprende el salto de agua más alto del mundo. Al mirar la cúspide de esta gran cascada te sientes parte de algo más grande, aunque suene como un absurdo chiclé.
Aquí los links de otras paradas:
Al toparnos con las puertas, sentía que entraba a otro lugar —que por supuesto lo hacía—, pero me refiero más estrictamente a otra década.
Si hay lugares que han quedado grabados en mi memoria, sin duda alguna, La Colonia Tovar es uno de ellos. Un lugar hermoso lleno de artesanía, cultura y arquitectura alemana del siglo XIX.
Al llegar pasamos por el centro de la ciudad para ir a nuestra cabaña a hospedarnos. Había una calle muy pintoresca, de la cuál no he podido olvidar el aroma a galletas, café y frutas, un aroma que me resultaba muy agradable.
De frente a la callejuela se encuentra la iglesia, en el mero centro de la ciudad, la cual es una réplica fiel de la iglesia de Endingen en Alemania.
El clima perfecto, entre unos 10°C con promedio de 16,8°C —lo normal para un día nublado—, y mucha neblina —que son muy frecuentes sobre todo en la mañana y en la tarde—. Este clima hace que sea un lugar bastante cómodo y agradable para estar a cualquier hora del día.
Llamada «la Alemania del Caribe», la Colonia Tovar desborda la historia de un pueblo del siglo XIX que aún conserva su cultura casi intacta con sus bailes, vestimentas típicas, gastronomía, costumbres y tradiciones debido a que la población estuvo incomunicada del resto del país por muchísimos años.
Pero ya basta de datos históricos, la gente contagia alegría, amabilidad y cordialidad por todos lados mientras recorres las calles del pequeño poblado. Puedes conocer su centro en un día completo, pero si quieres ir a por más, puedes optar por los paseos turísticos en unidades rústicas tipo militar que te llevarán a conocer mucho más la colonia a profundidad: sembradíos ubicados en las afueras de la ciudad, parajes de degustación —en vinerías, cervecerías, chocolaterías, fábricas de jaleas, de galletas, de salchichas y embutidos, etc—, bosques ricos en flora prehistórica y fauna silvestre, también puedes optar por un paquete para realizar paracaidismo.
Nosotros no pudimos pasar de estos paseos y escogimos ir a dos, el primero en la mañana y el segundo durante la tarde —que les recomiendo muchísimo no pasen de ellos si algún día visitan la colonia—. Existen variadas opciones: Rustic Tours, Regenwald Tours, Rally Tours Codazzi, entre otros.Durante los paseos degustamos todo tipo de frutas producidas en la zona, jaleas o mermeladas —nombre típico en Venezuela— con galletas y muchísimos postres. Para almorzar tienen en el menú todo tipo de salchichas, desde la polaca, la alemana e incluso salchicha italiana, mejillones al Rin y para acompañarlos todo tipo de panes con nombres rarísimos como ''Pumpernickel'', ''Mischbrot'', ''Kömerbrötchen'' o ''Vollkornbrot'', que no es más que pan integral. Bueno, gastronomía alemana en general, pero ya, que se me hace agua la boca.
Bien entradas las 5 de la tarde volvimos a nuestra cabaña —la única con el tejado verde, en todas las demás cabañas son de color rojo—, que se encuentra a dos cuadras del centro. Detrás está un parque muy lindo, en el cuál me quedé muy bien abrigada a observar como la neblina cubría las montañas, árboles y casas que se encontraban a la lejanía.
Al día siguiente degustamos unas deliciosas cervezas de cebada en la procesadora. Escuchamos además por parte de los dueños un poco de la historia, mientras que los trabajadores nos mostraban como se produce esa deliciosa cerveza local en un dinámico recorrido.
Bueno, esto es sólo un repaso que con toda sinceridad me ha dejado un saborcito en la boca y unas inmensas ganas de volver. Definitivamente una de las mejores estancias que he tenido, estoy segura de que estaré muy pronto por allá de nuevo.
Continuaré con la bitácora digital de este tour a lo largo y ancho del país, no se pierdan la siguiente parte de esta travesía. Saludos y adiós... o como dirían en la Colonia ¡Auf wiedersehen!
Aquí los links de otras paradas:





























