Este mes es uno de nuevas oportunidades que tomaré con gusto, de nuevos retos que acepto enfrentar hasta el final y de situaciones que me sacarán de ahora en adelante de mi zona de comodidad. No me quedaré a medio camino como otros, ni culminaré para enterrar el tiempo invertido en la nada. Al finalizar este año que apenas inicia miraré en mi lista y diré «lo lograste», porque habré cumplido con todo lo que me propuse lograr.
Tomar caminos diferentes y distantes el uno del otro nunca es bueno. No podemos tensar nuestra cuerda más allá de lo que puede dar. Tejer telarañas de mentiras puede parecer una buena idea al principio, pero luego nos damos cuenta de que no era una tan grandiosa idea como creíamos. Lo mismo sucede cuando alguien acude a prestamistas de dinero para saldar sus deudas, llegará por fin un día en el que no podrá pedir más, pero tampoco tendrá dinero para saldar las deudas que ha acumulado sin darse cuenta.
Ir tejiendo telarañas de mentiras e intrigas nos vuelve personas sumamente frágiles y vulnerables ante la realidad. Es como ir caminando sobre un tejado sin vigas que parece resistente, pero ese tejado en algún momento cederá. Debajo se encuentra un gran vacío, al cual es muy duro caer. Mentir o no es problema de cada quien. Todos mentimos a diario, incluso la persona que dice «yo nunca he mentido / yo no miento», en ese momento esta volviendo a mentir. De nosotros, más bien depende qué tan grandes, graves, dañinas y oscuras serán esas mentiras para los demás y para uno mismo. De nosotros depende si decir esas mentiras nos perjudicarán, o dañarán a otros.
El ser humano nació para mentir. El ser humano miente incluso desde antes de aprender a caminar o desde antes de poder hablar. Pero a lo largo de la vida el ser humano debe aprender a medir sus mentiras y a evitar dañar a otros con ellas. El gran problema es que como humanos, casi nunca aprendemos a hacerlo. Logramos finalmente entenderlo, muchas veces cuando ya es demasiado tarde.
No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino, porque escoger un camino significaba abandonar otros.
La música es mi aliento, pero puedo disfrutarla mucho más sin necesidad de hacerla.
Disfruto el trabajo de otros.
Recuerdo aún cuando la música, además de mi aliento, era mi sueño, pero con eso me olvidaba del resto, estaba dejando escapar la oportunidad de cultivar otros talentos. Intenté con la música infinidad de caminos: estudié el lenguaje musical, toda la teoría y la práctica de instrumentos como el bajo eléctrico y la guitarra clásica. Compuse canciones, ayudé a otros con los arreglos, estuve en dos grupos como cantante, compositora, participé en duetos y canté como solista, ¿qué no hice con la música? No entendía porqué si amo tanto la música no disfrutaba hacerla yo misma, disfrutaba oír a otros, pero no me llenaba cantar en público, ni tocar en eventos a pesar de que era una experiencia gratificante. En ese punto entendí la vida efímera de los músicos y cantantes que solemos escuchar hoy. Entonces alguien me dijo una frase que jamás he olvidado y que básicamente se ha convertido en mi estandarte a la hora de emprender nuevos rumbos: «el que seas buena en algo no significa que debas hacerlo; debes hacer el resto de tu vida lo que amas, no lo que te gusta».
Todos apostaban que yo fuera cantante o músico profesional, mis profesores, mi familia, mis conocidos y allegados, todos decían que era buena en eso, pero quizás fue lo que me cansó bastante. Yo quería dar más. Soy de esas personas que viven para retarse y no me gusta el conformismo, así que si era tan buena, significaba que no estaba dando algo que los demás no esperaran, y yo misma no quería contenerme. Cambié eso en lo que fui buena desde pequeña y empecé a desarrollar el resto de mis talentos —que tenía empolvados desde una edad temprana— de una forma más responsable y seria. Recordé que en el colegio siempre destacaba por mis habilidades para escribir: poesía sobretodo, cuentos e historias, que traducía de sueños y la misma cotidianidad. Los profesores y directivos siempre llegaban a la conclusión de que debía ser yo quien escribiera y leyera los textos de promoción del alumnado o de los eventos especiales. Poco después la fotografía me atrapó también y empecé a trabajar en ambas.
Aún suelo cantar mucho —no pasa un día que no lo haga—, también sigo tocando la guitarra en la intimidad de mi soledad, pero comprendí que realmente disfruto hacerlo acompañada de esa soledad para buscar inspiración, para refrigerar mi alma, y no cambiaría la decisión que he tomado con respecto a esto, o las puertas que se han abierto. A veces tener más de un talento destacable se traduce en encrucijadas, en no saber en absoluto qué camino escoger, pero se presenta un momento en la vida en el cual debemos detenernos, respirar profundo, calmarnos y pensar «¿qué hago ahora, es lo que realmente deseo hacer?».
Descubrí que hay formas de mezclar todo lo que me gusta, y a eso me he asido, pues ¿por qué debo optar por una sola cosa y abandonar las otras, si puedo escoger todas a la vez?
Estoy corriendo sobre una calle de polvo, angosta, en medio de un bosque. Corro velozmente sin detenerme. A medida que avanzo el camino se cierra detrás de mí por tanto no puedo volver, pero de vez en cuando se atraviesan caminos a los costados con letreros que presumen «atajo; camino más fácil; más sencillo llegar; vuelve al inicio» pero todos con un común final: precipicio profundo y sin retorno alguno.
A veces me canso y me detengo un poco, eso me da tiempo para pensar «¿sigo recto o tomo este camino?» Vuelvo a correr, a veces quiero llegar antes y tomo un atajo pero me caigo al precipicio, entonces tengo que subir por una escalera y volver a la «y» para seguir recto.Vuelvo a toparme con una nueva «y» y tomo el camino de «vuelve al inicio», entonces debo volver a empezar porque pierdo todo el camino que he ganado.
En el bosque hay tiempos de mucha brisa y refrigerio, otras veces hay fuertes tormentas, otras hay tiempo de grandes sequías, pero siempre puedo ver el cielo a través de las ramas de los árboles.
Mañana es nunca si la apatía se impone a tu voluntad, si vacilas y no tienes seguridad, si tus fuerzas te dominan fácilmente para acercarte a lo que no te edifica, si la pereza corroe tu cerebro.
Mañana es nunca... si no tienes mentalidad ganadora, si condicionas tu conciencia, si no utilizas tu capacidad reflexiva.
Mañana es nunca... si no razonas y no buscas comprender con claridad lo último, el por qué de las cosas y el supremo fin de la existencia humana.
Mañana es nunca... si no guardas el debido respeto por las plateadas canas de tus padres, si no consideras las experiencias de otras personas, si realmente no sabes vivir como ser humano, si no analizas con tu conciencia la dimensión humana... Mañana es nunca.

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