Que triste caso, lamentable y más espantoso aún por haber ocurrido en manos de niños. Es vergonzoso que en nuestra sociedad aún sigan ocurriendo cosas como esta, pareciera que el ser humano se cree dueño de todo para su propio beneficio y entretenimiento. Sin embargo doy gracias a Dios porque aún existen ángeles como estos que ayudaron a Pascal, y muchísimas otras organizaciones que luchan contra estas atrocidades. Me alegra muchísimo que Pascal tuviera un final feliz, que pasara de cachorrito asustado a convertirse en un hermoso perro.
El síndrome de down, esta condición según la ciencia es un trastorno genético que se produce por una trisomía en el cromosoma número 21, es decir, normalmente deberían ser dos, pero estos ángeles contienen tres en su lugar. Yo siempre he visto esta «condición» de una manera muy especial. Las personas con síndrome de down me enternecen en sobremanera. De una forma u otra siempre he estado dispuesta a cooperar con fundaciones y aprender más sobre su forma de ver el mundo que les rodea. He conocido muchas personas con esta «condición» a lo largo de mi vida. Era muy pequeña cuando vi a una niña con este síndrome por primera vez, y ya conocemos la curiosidad que tienen los niños por querer saber todo lo que les rodea, empecé a preguntarle interesada a mi madre, que me acompañaba en ese momento «¿qué tiene la niña?», mi madre seguidamente me dijo «es especial». Ese día no sabía a qué se refería mi madre con «especial», «¿especial por qué?» fue la pregunta que me hice, pero mucho más tarde entendí que era una forma sublime de llamar a estos ángeles del cielo, aunque esas dos palabras se quedaron grabadas en mi mente para siempre. Desde ese momento creí que todas las personas especiales lucían así. A partir de ese día mi interés por cada uno de esos niños fue muy grande, me acercaba a ellos a hablar, a jugar; me gustaba compartir con estos «niños especiales».
Cerca de casa durante la mañana veo pasar a un joven con síndrome de down tomado de la mano de su abuela, automáticamente me arrancan una sonrisa con sólo ver la forma en la que uno apoya al otro, me endulzan el inicio del día. Una característica clara en estos niños —y también adultos— es su inmensa inocencia, un niño siempre es un niño, pero incluso en su adultez las personas con este síndrome siguen siendo tan inocentes y creativos como un niño. Ayer durante una de mis caminatas de rutina vi en un parque a la lejanía lo que me pareció un niño sobre su monopatín, al continuar con mi caminata e irme acercando noté que era un joven —entre 20/25 años— con síndrome de down. Él jugaba aislado del mundo con su monopatín al paso de la gente —uno más ignorante que el otro— que a veces parecían no querer entender y se alejaban hablando mal de él. Lo que mucha gente no sabe es que las personas con síndrome de down poseen una inteligencia bárbara y una fuerza de voluntad enorme, muchas personas al notar que son «diferentes» —y vuelvo a enmarcar con las comillas— automáticamente los rechazan y excluyen. Peso a eso, existe una belleza innata en estos niños, una inocencia pura y sincera, merecen todo el apoyo del mundo por parte de su familia, vecinos, amigos, profesores, y la sociedad en general. Yo les llamo «ángeles», porque eso son... ¿acaso no son hermosos?
Siempre me gusta trabajar con ellos, como ya les he dicho son inteligentes, creativos, pero además son gente brillante con una luz más grande que el propio sol, llenos de amor y de ternura. Te invito a que los comprendas.
Vence ese miedo, el poder de tu vida es más fuerte que el dolor que tienes en este momento.
Despierta porque el genio siempre va a vivir bajo la sombra del carismático.
Despierta ángel, sin vestiduras de herramientas; con luces nítidas, pero puras como un amanecer. Despierta, que tu sangre es más fuerte que la tierra llena de grietas. Sólo tienes que esforzarte, caer en el mundo de abanico lleno de dulces sueños. No temas ángel, tu eres protegido por Dios.
Despierta porque el genio siempre va a vivir bajo la sombra del carismático.
Despierta ángel, sin vestiduras de herramientas; con luces nítidas, pero puras como un amanecer. Despierta, que tu sangre es más fuerte que la tierra llena de grietas. Sólo tienes que esforzarte, caer en el mundo de abanico lleno de dulces sueños. No temas ángel, tu eres protegido por Dios.
Yo te veo sonreír y siento que mi mundo vuelve a conocer el sol... Siento como un rayo de luz irradia mi alma y se pone cálida como una taza de café por la mañana. Siento que mis palabras nacen y son más dulces que la miel, y siento como empalagan cada rincón de mi alma. Puedo ver a través de ti el más dulce amor que jamás he conocido, y las más delicadas fragancias que destila tu cuerpo con el soplido del viento. Nunca dejes de sonreír, aún cuando el mundo te cause la más grande pena, no dejes de sonreír aún cuando todos te humillen y se vuelvan contra ti, no dejes de sonreír... yo estoy contigo. Si tus piernas se tambalean y caes, yo estaré para levantarte, te tomaré de las manos y te ayudaré a alzar el vuelo. Luego te haré aterrizar en un lugar seguro, donde no puedas llorar, sólo suspirar por causa de mi amor. Te llevaré al lugar mas feliz que puedan ver tus ojos, todo el pasado se irá, yo haré que las cosas sean nuevas para tí y te daré como regalo la felicidad, tendrás lo que más anhelas: paz y amor. Tu corazón no temblará de frío, no pisarás suelo inestable pues yo estoy contigo y te haré descansar, sólo ven a mi y dime «quiero que seas mi compañía» y lo seré. Yo te he amado desde siempre hasta el final, mi amor para ti es muy grande y te lo daré, espero con mis brazos abiertos para darte el abrazo más grande que jamás hayas sentido, con ternura limpiaré tus lágrimas y seré tu apoyo; estaré contigo así tú no lo quieras pues mi deber y obligación es cuidar de ti hasta que te hayas ido.


















