Gotas de lluvia como cristales preciosos, como burbujas de recuerdos que me llevan a la estación del pensamiento y me regresan a la vida, a esa vida que transcurre ante tus ojos. Esa vida de mejillas rojas y pálida piel, de sonrisa brillante. Una vida aventurera y soñadora que espera el último trimestre del año para «nacer». Gotas de lluvia por la «e» de Esperanza, si en un año o dos podemos navegar y buscar otra vez, si podemos sostener al viejo y al mar, si podemos buscar tesoros, alardear con las palabras y compartir secretos en medio de la noche con tu vaso de la suerte. Estoy esperando.
Zapatos mojados y llenos de pasto, calcetines para exprimir y pantalones ajustados, a riesgo de ser atropellados... Todos estos parecen los ingredientes perfectos para culminar de manera horrible una hermosa velada. Sin embargo, estar en esos zapatos cuando el par de zapatos que camina a tu lado te dirige hacia uno de los momentos más memorables de tu vida por largo tiempo, y que parece que no termina, es un completo placer. Una caminata bajo la lluvia se siente mejor con una gran compañía.
Hay días en los que despiertas sediento de esa mirada, y otros días en los que te encuentras rebosando por otros ojos.
Los últimos dos meses mi mente se ha encontrado bloqueada. He intentado escribir más de un párrafo en el blog y me ha costado un poco, me sorprende, porque a pesar de eso mi cabeza no ha estado en completo silencio. Vivo llena de pensamientos y de ideas, algunas de esas ideas he querido traerlas aquí, a mi blog, pero no prosperan a tal punto. He querido hacer algo con esta lluvia de ideas pero me he encontrado más sumergida en la fotografía y en ciertas responsabilidades de «gente grande» que a todos nos toca realizar a partir de cierto punto. Éstos días de silencio en el blog no significan que me haya olvidado de él, pero creo que de nuevo el hielo se está rompiendo; como en el clima, para los escritores hay días de sequía y otros de intensa e incesante lluvia. ¡Se acerca la lluvia!


















